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Víctor Flores García :
Honduras: Chávez dispara el arma petrolera


 

La suspensión de los embarques de petróleo venezolano ahonda la crisis de Honduras y muestra cómo el mandatario utiliza el recurso para amenazar y presionar.

El buque Pico de Águila, con sus 26 tripulantes, cruzó el mar Caribe desde Maracaibo el cinco de junio de 2008 y arribó a Honduras con 82 mil barriles de crudo, fruto de un polémico acuerdo bilateral de abastecimiento mediante el cual 40 por ciento de la factura sería financiada a 25 años por Caracas. Al siguiente día los precios llegaron a un récord histórico de 139 dólares por barril: el valioso cargamento costaba en esa fecha 11.4 millones de dólares.

Con ese acuerdo petrolero casi la mitad de los energéticos consumidos por Honduras pasó a depender de Chávez: si consideramos que el país centroamericano, que no es productor, consume 17 millones de barriles de combustible anuales. El pacto Chávez-Zelaya permitía a Honduras comprar a precios preferenciales 20 mil barriles diarios de combustible, 100 por ciento del fuel oil que utilizan las plantas térmicas generadoras de electricidad y 30 por ciento del diesel. De ese tamaño es el sabotaje de Chávez al gobierno de facto de Roberto Micheletti, un arma más eficaz que la bravucona e improbable amenaza de intervención militar: el tres de julio pasado, Hugo Chávez empuñó el arma petrolera contra los enemigos de su nuevo socio derrocado y cortó unilateralmente los suministros de crudo.

Pero cuando el primer barco cargado con petróleo venezolano llegó a Honduras, Manuel Zelaya proclamó en Puerto Cortés: “Estamos rompiendo las cadenas para el futuro de nuestro país”, y proclamó entonces que “los conservadores”, adversarios históricos de su gobernante Partido Liberal, estaban “sorprendidos por el convenio con Venezuela, una prueba de que Honduras puede ser libre y tener dignidad”. En la tarima aplaudía a rabiar un prominente operador del clan Chávez, Asdrúbal Chávez, colocado en la vital plaza de la vicepresidencia de la estatal Petróleos de Vezuela SA (PDVSA) y primo hermano del comandante.

Génesis de un disparo

El nuevo socio del chavismo regional había logrado que el 14 de marzo del año pasado el Congreso hondureño aprobara un ventajoso convenio para comprar derivados de petróleo a PDVSA. Había ingresado así a la iniciativa Petrocaribe, el corazón del eje La Habana-Caracas, mediante el cual Cuba recibe casi 100 mil barriles diarios (casi cinco veces lo que recibe Honduras) a cambio de médicos y asesores de todo tipo. Los acuerdos Petrocaribe establecen que el precio del combustible pactado entre Caracas y Tegucigalpa es el precio del mercado, pero Honduras sólo pagará al contado 60 por ciento de la factura y 40 por ciento restante lo dejará como préstamo pagadero a 25 años con dos de gracia y a un interés de uno por ciento. Sin mayores explicaciones, un eufórico presidente de la Empresa Nacional Portuaria (ENP), Roberto Babún, anunció en aquella ceremonia que el cargamento de crudo valía 14 millones de dólares, tres y medio millones más que su valor de mercado en ese día, y que 50 por ciento de ese monto (no 40 como indicaba el trato) quedaría en Honduras para financiamientos. En dos años, el convenio significa para Honduras una deuda de unos 720 millones de dólares, por un total de 14.6 millones de barriles, anunció el gobierno de Zelaya. Venezuela pactó con Honduras un fantástico precio de casi 50 dólares por barril en pleno boom de precios. Chávez tomaba el sartén por el mango.

El acuerdo fue impulsado personalmente por Hugo Chávez durante una controvertida visita que realizó a Tegucigalpa el 15 de febrero del año pasado, cuando la emprendió contra las élites criollas luego de que Honduras fuera aceptado en la ahora llamada Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) que integran Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y pequeñas islas caribeñas. La participación de Honduras en la iniciativa desató las primeras reacciones airadas de la oposición y de sectores conservadores afines, al considerar que Zelaya se dirigía hacia las políticas populistas y antiestadunidenses implícitas en los compromisos políticos con Chávez.

Zelaya colocaba también una estocada en las confrontaciones con las compañías que desde hace 85 años importan el petróleo en Honduras, como las estadunidenses Texaco y Esso, la angloholandesa Shell y la hondureña Dippsa, que llegaron incluso a provocar un desabastecimiento. Zelaya también emprendió medidas para despojar a Dippsa de los tanques en los que almacenaría el crudo venezolano, pero fracasó en la burocracia de los tribunales de justicia. Como solución, los cientos de miles de barriles de crudo que llegaban desde Maracaibo fueron vendidos a las empresas térmicas cercanas a Zelaya y que tienen sus propios tanques, como Hondupetrol.

Apuntando a Latinoamérica

En diciembre pasado, Chávez llevó a su clan a reunirse en la costera ciudad cubana de Cienfuegos, sede de la mayor refinería de la isla, para celebrar la IV Cumbre de Petrocaribe. En forma inusitada, Mel Zelaya envió a su ministro de Defensa, Arístides Mejía, para ser rodeado por Raúl Castro, el nicaragüense Daniel Ortega, el dominicano Leonel Fernández, el haitiano Rene Preval y los líderes de pequeñas islas caribeñas. Chávez lanzó una nueva ocurrencia: crear una especie de trueque regional para que le paguen con productos o servicios a Venezuela, urgida de importaciones por la crisis de su planta productiva, y establecer un fondo para el comercio caribeño con el capital de la factura financiada.

Mediante Petrocaribe Venezuela suministra casi 200 mil barriles diarios a sus 14 miembros, a los que financia casi la mitad de la factura y la hace pagadera hasta en 25 años, con uno por ciento de interés. Cuba recibe 92 mil barriles diarios y paga con los servicios de casi 36 mil médicos, maestros, instructores deportivos y otros agentes profesionales. La factura acumulada hasta la última Cumbre de 2008 alcanzaba una deuda de mil 166 millones de dólares que en 2010 llegará a cuatro mil 566 millones. Con tono paternal Chávez comentó esas cifras: “No queremos que esa deuda pese sobre nadie, será un peso liberador”.

El arma petrolera ya había sido disparada por Chávez en Argentina, pero el intento de financiar entonces la campaña de Cristina Kirchner en 2007 desató un escándalo: el empresario petrolero venezolano Guido Antonini Wilson intentó introducir a Buenos Aires una maleta con 800 mil dólares viajando en un jet privado pagado por la petrolera argentina ENARSA, junto con cinco altos funcionarios argentinos y venezolanos. El escándalo produjo la caída del gerente general de PDVSA-América, Diego Uzcátegui. El hijo de Uzcátegui, Daniel, de 19 años, fue quien invitó al empresario Antonini Wilson a viajar en el avión fletado por ENARSA. En plena campaña presidencial de su esposa Cristina, Néstor Kirchner tuvo que destituir a su amigo Claudio Uberti, presidente de la petrolera argentina.

El presidente Rafael Correa también se beneficia de otro acuerdo mediante el cual canjea casi 600 mil barriles de diesel venezolano por petróleo crudo de Ecuador, para el que no tiene capacidad de refinación, lo que le permite a Quito ahorrar unos 60 millones de dólares al año mientras importa dos mil 700 millones de dólares en combustibles, y Chávez apoyó la campaña presidencial de Ortega con 300 mil galones de gasolina a las alcaldías nicaragüenses controladas por los sandinistas a precios preferenciales.

En su megalomanía, Chávez ha procurado extender los efectos geopolíticos de su arma petrolera: Londres se benefició, durante el gobierno izquierdista de Ken El Rojo Livingstone, de petróleo barato para la flota de autobuses de la capital británica y redujo en 20 por ciento la factura de gasolina del ayuntamiento londinense. Y el

neoyorquino barrio del Bronx ha recibido cada invierno casi 400 millones de litros de combustible con un descuento de 40 por ciento para las familias latinas.

Con la petrochequera enflaquecida, cuando el presidente de izquierda moderada de El Salvador, Mauricio Funes, se negó a firmar en Caracas su ingreso al ALBA, un receloso Chávez apenas prometió duplicar los suministros a 10 mil barriles diarios. Desaire contra desaire: esos embarques son apenas la mitad de la cuota que negoció Costa Rica, 10 por ciento de la de Cuba y sólo 15 por ciento de la factura petrolera salvadoreña que asciende a mil 500 millones de dólares anuales.

El sabotaje

El impacto de la estocada petrolera en Honduras, uno de los cinco países más pobres de América Latina, se magnifica si se considera que entre 300 y 450 millones de dólares de ayuda financiera de organizaciones internacionales —como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)— a Honduras quedaron congelados a causa del derrocamiento de Zelaya. “Hemos suspendido los envíos de petróleo”, dijo un vociferante Chávez el tres de julio, al suspender la salida de un embarque programado para la semana que terminaba el 11 de ese mes. La estrategia es simple y ruda: el estrangulamiento mortífero del gobierno de facto de Roberto Micheletti, que repite sin convencer que su gobierno “cuenta con suficientes recursos” para soportar los próximos seis meses, hasta que asuma el nuevo presidente electo en los comicios de noviembre próximo. Pero el presupuesto nacional hondureño depende en 30 por ciento de las donaciones y préstamos que hacen organismos de crédito internacionales y, hasta diciembre de 2005, Honduras registraba una deuda externa de cinco mil millones de dólares. Al cerrar Chávez la pinza, en pocos meses Honduras entrará en forma inevitable en bancarrota.


 


Víctor Flores García es un experimento periodista Salvadoreño radicado actualmente en México, veterano de los medios y con los últimos 12 anos en la Agencia France Presse, Flores García es actualmente editor de Petroleumworld México y corresponsal de Petroleumworld en ese país. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld .

Nota del Editor: Esta centrevista fue originalmente publicada en el Milenio Semanal , el 18 de julio de 2009 . Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.

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Petroleumworld México 20/07/09

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