Desde el 8 de septiembre pasado, fecha en la que Juan José Suárez Coppel asumió la dirección general de Pemex, se han sucedido una serie de cambios que van más allá del tradicional reacomodo de gente cercana al nuevo director.
En Pemex se ha iniciado una amplia reestructuración corporativa poco comentada aún, como no había ocurrido desde hace tiempo. La intención —según los pronunciamientos oficiales— es ganar en eficiencia y competitividad en la toma de decisiones, que tanta falta le hace a Pemex. Habrá que seguir de cerca el proceso y evaluar los primeros resultados, porque son muchos los riesgos naturales de esta transformación corporativa en ciernes, y más aún las tentaciones en nombramientos que tradicionalmente han sido utilizados con propósitos políticos y caja registradora electoral.
Ahora estamos ante un cambio completo de la cúpula de la empresa petrolera. Cambio que, por lo visto, sigue distorsionado por las tradicionales “cuotas” políticas y que no augura un buen comienzo a este empeño de transformación.
Los cambios en los últimos cuatro meses son significativos: Rosendo Villarreal dejó la dirección corporativa de Administración en septiembre pasado; Carlos Murrieta Cummings, consultor de Mckinsey y cercano a la secretaria de Energía, llegó a la dirección corporativa de Operaciones; Miguel Tame, funcionario de larga trayectoria en Pemex, asumió la Dirección General de Pemex Refinación, y Jordy Herrera, del círculo cercano al presidente Calderón, fue nombrado director general de Pemex Gas y Petroquímica Básica, en sustitución de Roberto Ramírez Soberón. Antier el director general realizó tres movimientos más: Esteban Lev{in Balcells fue designado director corporativo de Administración y Carlos Treviño Medina, director corporativo de Finanzas. Ambas posiciones son fundamentales para la operación de las subsidiarias y para la relación con el poderoso sindicato de trabajadores petroleros que encabeza Carlos Romero Deschamps. En la recién creada dirección corporativa de Tecnologías de Información y Procesos de Negocios se nombró a Mauricio Galán.
Levín Balcells, hijo del diputado priista Óscar Levín Coppel, trabajó con Suárez Coppel en la dirección corporativa de Finanzas y, mas allá de la relación familiar que les une, es hombre de toda su confianza. Treviño Medina es un ingeniero reclutado por Vicente Fox para laborar en Los Pinos con Eduardo Sojo y al inicio del gobierno actual fue “rescatado” por Ernesto Cordero cuando éste fue subsecretario de Egresos con Agustín Carstens al frente de Hacienda. Treviño Medina —al igual que ocurre con Jordy Herrera en la dirección general de Pemex Gas y Petroquímica Básica— llega a Finanzas dejando una estela de dudas sobre su experiencia en materia de deuda y financiamiento corporativo. Mauricio Galán proviene de Grupo Chedraui y de Grupo Modelo, empresa —esta última— en la que también laboró Suárez Coppel tras su salida de Pemex a finales del gobierno anterior.
Así, en cuatro meses el cambio de funcionarios es casi total en las cuatro direcciones corporativas de la empresa y en dos de las cuatro direcciones generales de las subsidiarias. Con estas modificaciones tendríamos que ver una verdadera transformación en la orientación de la gerencia. Sin embargo, las dudas comienzan cuando los nombramientos siguen respondiendo a una visión política de Pemex y no a esa visión corporativa y profesional de la que tanto se habla públicamente.